Parálisis cerebral

Bajo el término de parálisis cerebral se agrupan un conjunto de afectaciones cuya característica fundamental es el daño en la función motora.
Podemos entender, por tanto, la parálisis cerebral como:
“Un trastorno global de la persona consistente en un desorden permanente y no inmutable del tono, la postura y el movimiento, debido a una lesión no progresiva en el cerebro antes de que su desarrollo y crecimiento sean completados. Esta lesión puede generar alteración de otras funciones superiores o interferir en el desarrollo del Sistema Nervioso Central (SNC)”

Una definición que podemos desglosar en los siete puntos que la sustentan...
Nos encontramos ante un desorden permanente lo que implica que la lesión neurológica es irreversible y persiste a lo largo de toda la vida. Las células nerviosas no se regeneran.
Dicha lesión no cambia, es inmutable. El daño neurológico no aumenta ni disminuye aunque las consecuencias pueden cambiar hacia la mejora o el empeoramiento.
¿Qué supone un desorden del tono, la postura y el movimiento?
La alteración del sistema neuromotor incide en aspectos físicos como la postura o el movimiento.
¿Por qué se produce? La causa es una lesión no progresiva en el cerebro, esto es, no aumenta ni disminuye, no es degenerativa.
Dicha lesión se produce antes de que el desarrollo y crecimiento del cerebro hayan concluido. Puede ocurrir durante la gestación, el parto o los tres primeros años de vida del niño. Un período de tiempo
en el que el sistema nervioso central está en plena maduración.
La lesión también puede afectar a otras funciones superiores como la atención, la percepción, la memoria, el lenguaje y el razonamiento. El número de funciones dañadas depende, en primer lugar, del tipo, localización, amplitud y disfunción de la lesión neurológica. En segundo término, vienen determinadas por el momento en que se produce el daño, por el nivel de maduración del encéfalo.
Además, la lesión interfiere en el desarrollo del Sistema Nervioso Central. Una vez producido el daño este repercute en el proceso madurativo del cerebro y, por tanto, en el desarrollo del niño.
La parálisis cerebral reúne, así, una enorme variedad de situaciones personales.
Podemos encontrarnos con personas que conviven con una parálisis cerebral apenas apreciable junto a otras que necesitan a terceras personas para desenvolverse y desarrollar su vida diaria.
Aunque la parálisis cerebral no se puede curar, podemos conseguir que la persona lleve una vida plena. Una atención adecuada permite que la persona mejore sus movimientos, logre un mejor y mayor desarrollo intelectual, se comunique e interactúe socialmente.
La atención y el tratamiento se concreta en cuatro pilares: la fisioterapia, la terapia ocupacional, la educación compensatoria y la logopedia. Diferentes técnicas y enfoques permiten a profesionales cualificados lograr una notable mejora en la calidad de vida de las personas con parálisis cerebral.